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LAS OLAS COMO RECURSO NATURAL, ECONÓMICO Y DEPORTIVO.

agua

angel lobo rodriguezCualquiera de nosotros está familiarizado con un fenómeno tan regular como son las olas, pero ¿Qué sabemos verdaderamente de ellas? ¿Cómo se generan? ¿Por qué hay playas con más oleaje que otras? ¿Qué incide en su altura, su fuerza?

Tradicionalmente se ha visto a las olas como algo negativo. “Hoy el mar está malo”, decían, indicando con esta expresión que había un oleaje importante que desaconsejaba el baño o realizar cualquier tipo de actividad relacionada con el mar. Sin embargo en la actualidad las olas representan todo lo contrario, son una bendición, es más, una playa sin olas es apreciada como una playa muerta, sin vida, sin atractivo.

Las olas son un recurso natural, una producción de la naturaleza, y sin ellas el mar que cubre las tres cuartas partes de nuestro planeta mal llamado Tierra (se debería llamar Planeta Océano, tal y como escribió Arthur C. Clarke ) no sería lo que es. Las se ven atraídas por fondos poco profundos, ya sean de arena o de roca, sobre los que liberan toda su energía. Por tanto existe todo un ecosistema, ya sea de fondos arenosos, de roca (lava volcánica, por ejemplo) o de coral, relacionado con el oleaje, en el que vive una fauna y flora marina adaptada a estas condiciones singulares.

Las olas también son un recurso económico. Representan una fuente de energía inagotable, y cada vez más se investiga sobre nuevos dispositivos para aprovechar la energía derivada de la fuerza del mar. Asimismo, las olas en sí poseen un importante valor económico, como se puede desprender de diferentes estudios académicos (la mayor parte relacionados con la surfonomics) y que concluyen que una ola (existen estudios sobre olas como Mundaka en España, o Trestles y Maveriks en California) puede suponer varios millones de euros para la comunidad. Todo esto es más importante si pensamos que las olas, en principio, son infraestructuras naturales que no necesitan de ningún tipo de inversión para su mantenimiento, al contrario que otras infraestructuras artificiales. La riqueza que crean estas olas se deriva de la afluencia de surfistas, visitantes y deportistas en general y el gasto que generan en la comunidad.

Y es que, aunque pueda resultar extraño para los que no están en este mundillo, las olas son reconocidas como auténticas canchas deportivas por el Censo Nacional de Instalaciones Deportivas y, ciertamente, es lógico. Si existe un deporte reconocido como es el surf y se practica en lugares muy precisos, en aquellas zonas del mar de poca profundidad sobre las que rompen las olas, dichas rompientes son infraestructuras deportivas (en este caso naturales) tanto como lo puede ser el Santiago Bernabeu para un aficionado al fútbol.   Y lo mejor de todo es que no se necesita invertir dinero en dicha cancha deportiva natural, solamente hace falta respetarla, sin interponer obstáculos que puedan dificultar que llegue el oleaje.

Ciertamente el deporte del surf cada vez tiene más adeptos, porque es una actividad simétrica, aeróbica y el mar siempre produce un bienestar muy especial a los practicantes de deportes acuáticos. Ya no existen barreras de edades, de sexo, se ha logrado romper el mito, más fruto de la ignorancia, de que se trata de un deporte solamente para adolescentes. Muy al contrario, el surf es un deporte que te puede acompañar durante toda la vida, y en el que las lesiones son escasas. Sin embargo el creciente número de practicantes, lejos de ser una bendición, está empezando a convertirse en un problema. Las olas no nacen por generación espontánea, por lo que los lugares en los que se puede practicar el surf son limitados. Urge ahora buscar fórmulas para incrementar el número de sitios para hacer surf, creando nuevas olas, ya sea mediante fondos artificiales (arrecifes artificiales, por ejemplo el proyecto TeneReef)), rehabilitando olas que en la actualidad son peligrosas y raramente se puede practicar el deporte del surf (proyecto de rehabilitación de la ola de Martiánez, Puerto de la Cruz) o parques acuáticos de olas como el caso del wavegarden en el País Vasco.

El nuevo turista, el que busca experiencias, es un enamorado de un mar vivo, de las olas, por eso florecen en España y en Canarias Es muy importante no matar esta gallina de los huevos de oro, hecho en el que muchas veces se cae en el sector turístico.

Las olas seguirán rompiendo, como lo han hecho siempre, desde el principio, desde que la Tierra es Tierra, desde que el Mar es Mar.

Ángel Lobo Rodrigo. Contratado Doctor de Derecho Administrativo y Presidente de la Federación Canaria de Surf. aloboro@ull.es

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