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LA OTRA NATACIÓN.

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Recientes todavía los Juegos Paralímpicos en nuestra memoria, nos quedan imágenes y comentarios de grandes gestas de deportistas que no tienen las mismas facilidades que nosotros para hacer deporte.

Diversos tipos de problemas y vicisitudes les han llevado a tener que buscar soluciones para adaptarse y lograr acciones que, a priori, a nosotros nos parecerían inalcanzables en sus circunstancias. Muchos, incluso, están integrados con individuos con mayores facilidades locomotoras, intelectuales y sensoriales, tanto en entrenamiento como en competición.

Pero no perdamos de vista que ésta es únicamente la punta del iceberg, ya que estamos hablando, al fin y al cabo, de natación de rendimiento. Por esta razón, en el artículo de hoy queremos focalizar y reflexionar sobre la base de esta pirámide.

Existen muchas personas con diferentes tipos de hándicaps que utilizan el agua como herramienta para readaptarse tanto a su deporte como a las actividades de la vida diaria, conseguir algún tipo de autosuficiencia, usarla como medio de rehabilitación o simplemente hace algo de deporte con el objetivo de mejorar su salud e incluso únicamente socializarse.

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Los primeros pasos para todas las personas que se acercan al medio, incluso previas al planteamiento utilitario probablemente deberían ser de tipo biológico. Se trata de mejorar la calidad de vida, de usar el agua como medio para lograr objetivos que difícilmente se pudiesen conseguir en seco exclusivamente, tratándose muchas veces de un trabajo con ayudas físicas y materiales.

En este caso, hablamos de algunos requisitos previos (1), donde se realizan actividades que les permiten almacenar la información que necesitan para interiorizar su esquema corporal o readaptarlo funcionalmente. Nos referimos a respuesta tónico-posturales, equilibrio y coordinación (1), para que puedan ser “transferidas” o extrapoladas a otros medios.

Se trata de conseguir mejorar las respuestas relacionadas con el tono postural y equilibrio, con las facilidades que nos permite el medio acuático y la posible reducción de accidentes como pasos previos o paralelos a realizarlas fuera del agua. En algunos casos, esta evolución es muy lenta, e incluso algunos permanecen únicamente en esta fase, según el tipo de problema referido. Igualmente pueden ser desarrolladas con progresiones metodológicas que nos permitan seguir mejorando su adaptación.

Otros pasos podrían ser la utilización del medio acuático dentro de programas que permitan mejorar la salud de los usuarios, la recreación, o la utilización el medio acuático como medio de enseñanza-aprendizaje .

Con todo esto sería deseable un planteamiento utilitario (“saber nadar”) en las actividades relacionadas con el párrafo anterior, pero no es absolutamente necesario, porque en algunas ocasiones no solo es imposible su consecución, o no entra dentro de los objetivos planteados, y ello no les impide usar esta herramienta para conseguir paliar sus necesidades. Esto se considera así porque hacemos un trabajo para mejorar la salud en el agua, donde no es necesario nadar, e incluso “saber nadar”.

En el caso que puedan conseguirlo o se considere necesaria su autosuficiencia en el agua y domine el medio sin ayudas (2), se podría pasar a un segundo plano (2) donde usamos el agua para desarrollar habilidades acuáticas básicas, que posteriormente pudiesen ser extrapolables a habilidades motrices básicas. La diferencia entre un planteamiento educativo y estas etapas planteadas estribarían básicamente en el objetivo final. En el primero se usa el agua como medio para educar y conseguir determinados contenidos y donde no es estrictamente necesario- ni importante- “saber nadar”. Por ejemplo puedo hacer juegos o actividades de equilibrio, ejercicios en grupo de forma social, de cooperación… todo ello sin despegar los pies del suelo o con material auxiliar que nos ayude a flotar.

Esta etapa de habilidades acuáticas básicas es muy importante y debe ser ampliamente desarrollada. Esto nos permite, en todos los individuos, mejorar nuestras habilidades psicomotrices en amplio sentido, máxime con individuos con hándicap y que necesitan mejorar o readaptar su esquema corporal. Nos referimos, por ejemplo, a personas con movilidad reducida o pérdida de algún miembro, que tienen que volver a adaptarse a su “nuevo cuerpo”, para poder realizar las acciones de la vida normal.

En mucha ocasiones no se desarrolla esta etapa, introduciendo a todos directamente en técnicas de natación de competición. Debemos pensar que no solo no es necesario, sino que muchos individuos no lo necesitan, porque no van a competir. En personas que tienen problemas en aparato locomotor, además, es doblemente innecesario, no sólo porque no hay una técnica para cada tipo de déficit motriz, sino porque cada uno tiene diferentes rangos y posibilidades .

Debemos pensar, además, que muchas veces estos problemas van asociados a otros más comunes (cifosis, escoliosis, condropatías…) y que hay que adaptar la forma de nado a esos déficits con el objetivo de mantener su salud.

Asimismo, en caso de las personas que decidan dedicarse a la natación de rendimiento, probablemente deban adaptar continuamente su técnica a cambios en reglamento, mejoras técnicas o variables antropométricas. En ese sentido es mucho más fácil si domina bien el medio, habiendo desarrollado una buena fase de habilidades acuáticas básicas, que habiendo mecanizado una técnica concreta muy pronto (aunque los “resultados visibles” sean más rápidos). En este sentido no hay una única forma de nadar mejor, sobre todo en aquellas personas que tienen problemas de movilidad, porque no todos se pueden mover igual.

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La reflexión, llegados a este punto, es que no debemos empujar a todas las personas con hándicap al deporte de competición estrictamente, apoyándonos en una serie de beneficios (que pueden llegar o no) de carácter psico-sociológicos, obviando, en muchos casos, la salud para conseguirlo (como en cualquier deporte de rendimiento).

Además hemos de considerar que participar en deporte de competición puede proporcionarnos algunas mejoras, siempre que sea positivo para los deportistas, y que esto no implica necesariamente su desarrollo hacia la alta competición, y mucho menos hacia el alto rendimiento.

Mi posición, para que se entienda bien, no es ir en contra del deporte competitivo, ni muchos menos, sino que no dejemos de atender a todo lo anterior. En este sentido, tal y como empezamos el artículo, recordamos que se trata de una pirámide y que habitualmente hablamos de “la otra natación” como sinónimo del máximo rendimiento, que es únicamente la cúspide del triángulo, y nos olvidamos del resto.

Pretendíamos mostrar un poco toda la base, para que seamos capaces de dar un paso atrás para reflexionar en qué parte quiere/debe estar cada sujeto con el que interactúas, que no lo empujemos hacia donde nosotros queremos o nos interesa (máxime si es una cuestión de egos, en general). Si el deportista decide esta vía, hay que apoyarle con todas las consecuencias.

Ante ellos, deportistas y técnicos, como uno más, me quito el sombrero y les felicito por el culmen de ese camino. No es fácil….

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Por: Tomás Hernández

tomasbarreda@tenerifetoptraining.com

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(1) Vázquez, J: (1999): El deporte para disminuidos físicos, psíquicos y sensoriales. Master ARD. UAM-COES. Madrid
(2) RFEN. (1984) Apuntes curso monitor natación. Madrid

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